lunes, 24 de agosto de 2015

jueves, 20 de agosto de 2015



Hace aproximadamente una semana, mientras me lavaba los dientes en el baño, me puse a pensar en la edad de Ruido en relación a la edad de Juana y me asusté. Lo encontré en Septiembre del año 2010, un día domingo, después de llegar de los Andes, en la feria de Yungay, a los 2 meses de vida. Mucho tiempo pasó desde ese entonces, y muchas cosas pasaron conmigo y con él. Hoy estamos a 20 de Agosto del año 2015, a días de cumplirse 5 años desde que nos conocimos. Hoy es jueves y no me toca trabajar, y es hoy que decidí ir a buscarlo a la casa de Pancho, luego de 6 meses en que ellos estuvieron juntos viviendo en la casa de Maruja, en Independencia, desde las vacaciones de Febrero de este año.
En este momento siento un poco de tristeza y emoción al mismo tiempo. Está haciendo calor, escucho a los pájaros de un enorme árbol que hay allí abajo, escucho también a los maestros gritar en el edificio que se está construyendo al frente, escucho herramientas eléctricas en funcionamiento, escucho la ciudad y estoy sentada sobre un cojín, en el suelo. Carla está con Franco en la Quinta Normal, entrenando. Juana está en el living, durmiendo al sol. Mi mamá en el aeropuerto. Mi papá en su casa junto a mi hermano. Mi abuela murió un primero de Junio y producto de su edad -y estado- cuando vehía a Ruido se levantaba de la cama para buscarlo y le decía "la perrita". La abuela de Pancho murió hace algunos días y le decía "Ruco".
Un poco más allá, más lejos de mi, aproximadamente a 40 minutos caminando, están ellos, Ruido y Pancho, quizás haciendo qué, esperando a que yo vaya en su búsqueda, despidiéndose quizás, jugando quizás, tomando sol bajo la parra, jugando al "pilla pilla", mordiendo un palo o un hueso, ladrándole a los gatos que pasean sobre el techo, comiendo maní o palta, mirando por la ventana a Calle Francia, dibujando, tomándose las últimas fotografías hasta que se vuelvan a ver, quizás en pocos meses más, quizás que determine la vida para nosotros y nosotros para la vida, quizás quién sabe.

lunes, 17 de agosto de 2015

Ayer, después de llegar de la casa de Paloma en Colina, Juana se acostó en su cojín, y durmió toda la tarde, toda la noche y hoy en la mañana despertó con energía. Pienso que durante el paseo lo pasó bien, estuvo rodeada de estímulos, compartió con otros perros y otros humanos, lo cual nos hizo muy bien a todos.
A veces pienso en lo extraño que debe ser "ser la Juan", no haber tenido casa o haber sido abandonada, que la hayan maltratado, haberse perdido, haber tenido que cuidarse de otros perros y otros humanos, haber aprendido a caminar sola largas horas en busca de agua y alimento, haber sobrevivido en el espacio en que otros no lo logran.
Juana es tranquila, durante el tiempo que la conozco nunca a peleado con otros perros o perras, le fascinan los cachorros, le encanta jugar y hacer que la sigan, le encanta correr y saltar desde alturas, tienen un olfato superior, le encantan los humanos, y a veces les avisa a los perros que no está cómoda cuando, sea hembra o macho, le huelen con insistencia la zona de su cola o su hocico.
Por otra parte no le tiene miedo a nada salvo a las escobas, a los ruidos fuertes y a que uno levante la mano en forma violenta.
Pienso que cuando nos encontramos mutuamente, fue justo cuando ella estaba entrando en su primer celo (6-10 meses de vida), sin estar aun receptiva ni sangrar, en la pubertad y sin embargo se veía tan mayor, sucia, flaca y con algunos dientes gastados.
Sumisa y temerosa, poco a poco fue entrando en confianza -así conociéndola en profundidad-, dándonos cuenta de que se queda pegada mirando cosas, es volada, es muy dulce y cariñosa, tranquila, alegre, agradecida, muy sensible y perceptiva, e inteligente en cuanto a la relación con los otros seres vivos, y que en ella no perduró ningún tipo de trauma conductual-psicológico asociado a su vida anterior.
He adoptado perros y perras con el fin de sacarlos de las situaciones de vulnerabilidad en las que viven -o sobreviven- dándolos en adopción, generando vínculos hermosos y profundos con ellos, y aprendiendo mucho de sus caracteres, así puliendo el mío. Sin embargo recién este año, y antes de conocerla yo quería probar como sería compartir mi vida con una perra y como esta conviviría con Ruido.
Una noche, el viernes 27 de Marzo del 2015, mientras -junto a Carla e Iñigo- volvíamos caminando a la casa de mi papá desde la inauguración de Vic, en Manuel Montt, nos encontramos con Juana sentada en el escalón de la entrada de una casa en calle Bulnes con Moneda, a eso de las 3:00 de la mañana.
Se veía tan dulce y particular, sin ser bonita, sin estar limpia, sin dilucidar si era cachorra o adulta.
Me acerqué a ella, la miré a los ojos y ella también me miró fijo, sin pestañear, durante varios segundos, yo hice lo mismo. Nos habíamos encontrado, ella en el mejor de sus momentos y yo en el mejor de los míos.



miércoles, 20 de febrero de 2013